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Bajar de peso después del confinamiento por la COVID-19: ¿y si las respuestas no están donde has estado buscándolas?
Muchos de nosotros hemos subido de peso durante el confinamiento por la COVID-19 porque estábamos viviendo tiempos difíciles y teníamos la nevera cerca. Si ya tenías exceso de peso y terminaste con algunos kilos de más después del confinamiento, ¿probarás otra dieta, te inscribirás en un gimnasio o considerarás contactar con tu médico?
Por el Dr. Michael Vallis, agosto de 2020
El conocimiento es poder:
ve el problema por lo que es
¿Sabías que la obesidad es una enfermedad crónica? De verdad. Resulta que la hemos entendido bastante mal durante mucho tiempo.
La narrativa cultural ha mantenido durante mucho tiempo que el peso puede controlarse simplemente al equilibrar las “calorías consumidas” y las “calorías gastadas”. Entonces, si aumentas de peso porque consumes muchas calorías, simplemente tienes que dejar de hacerlo y bajarás de peso.
No supongamos que el control del peso es simple.
Resulta que las cosas no son tan simples. ¿Por qué? Porque el peso no es un comportamiento. Y por ende, ¡no puedes controlar tu peso directamente!
¿Pero qué indignante, eh? Veamos un ejemplo. Si te pidiera que comas 3 piezas de fruta hoy, podrías hacerlo (siempre que tengas la posibilidad).
Si te pidiera que camines 30 minutos entre las 8 a. m. y las 9 p. m., probablemente también podrías hacerlo. Pero si te pidiera que aumentases 0,3 kg en las próximas 6 horas, espera, mejor que sean 5,5 kg, no podrías.
Bajo peso — IMC 10.0-18.5
Estar por debajo del peso apropiado podría ser un signo de que no comes lo suficiente o de que puedes estar enfermo. Si estás por debajo del peso apropiado, comunícate con tu médico de cabecera para una evaluación adicional.
Peso normal — IMC 18.5-25.0
La comunidad médica recomienda que mantenga su peso dentro de este rango.
Preobesidad — IMC 25.0-30.0
* El término “preobesidad” fue clasificado anteriormente como “sobrepeso” por la Organización Mundial de la Salud (OMS)
Las personas que se ubican en esta categoría pueden correr el riesgo de desarrollar obesidad. También podrían correr el riesgo de desarrollar otros problemas de salud, o de que sus problemas de salud actuales puedan empeorar. La recomendación es consultar a un médico con experiencia en el control de la obesidad.
Hay dos recomendaciones para las personas que se ubican en la categoría de preobesidad, las cuales están expresadas en las pautas clínicas europeas y estadounidenses para el control de la obesidad en adultos.
La recomendación para las personas con un IMC de entre 25,0 y 29,9 y quienes no tienen problemas de salud relacionados con el peso (es decir, presión arterial o colesterol alto) es impedir el aumento de peso mediante alimentación saludable y aumento de la actividad física.
Para personas con un IMC entre 27 y 29,0 y que también tengan problemas de salud relacionados con el peso, la recomendación es bajar de peso combinando intervenciones de estilo de vida y medicamentos contra la obesidad para lograr la pérdida de peso y mejorar la salud y la calidad de vida.
Obesidad de tipo I — IMC 30.0-35.0
Las personas con un IMC igual o superior a 30 pueden tener obesidad, que se define como una acumulación anormal o excesiva de grasa que puede dañar la salud. Hoy en día, numerosas organizaciones de salud reconocen la obesidad como una enfermedad crónica pero controlable.
La Organización Mundial de la Salud y otras organizaciones de salud distinguen tres clases de obesidad:
Clasificación de la obesidad | IMC |
Clase I | 30,0–34,9 |
Clase II | 35,0–39,9 |
Clase III | Por encima de 40 |
Los rangos de IMC se basan en el efecto que tiene la grasa corporal excesiva en la salud de la persona, la expectativa de vida y el riesgo de desarrollar enfermedades; a medida que el IMC aumenta, también aumenta el riesgo de padecer algunas enfermedades.
Se recomienda que las personas con un IMC igual o superior a 30 consulten a un médico con experiencia en el control de la obesidad para obtener un diagnóstico, una evaluación de los riesgos y el tratamiento de la obesidad y de las complicaciones de salud relacionadas con el peso.
El objetivo de controlar y tratar la obesidad no es simplemente bajar de peso, sino mejorar la salud y reducir los riesgos de otras complicaciones de salud. Bajar incluso una modesta cantidad de peso, como el cinco por ciento del peso corporal o más, y mantener esta pérdida de peso, puede mejorar el bienestar general y, al mismo tiempo, reducir el riesgo de sufrir complicaciones relacionadas con el peso.
Existe una variedad de opciones de tratamiento científicamente probadas para la obesidad que pueden recomendarse según las necesidades individuales, la salud y la presencia o ausencia de complicaciones relacionadas con el peso. El tratamiento puede incluir una combinación de las siguientes opciones**:
Aumento de la actividad física
Reemplazos de comidas/dietas bajas en calorías
Medicamentos contra la obesidad
* La cirugía bariátrica generalmente se considera para personas con un IMC de más de 35 que también presentan complicaciones relacionadas con el peso. También se considera generalmente para personas con un IMC de 40 o más.
** Exención de responsabilidad: Esta información no sustituye el asesoramiento de un médico. Si tiene alguna pregunta sobre su salud, debe comunicarse con su médico de cabecera u otro profesional sanitario cualificado.
Obesidad II — IMC 35.0-40.0
Las personas con un IMC igual o superior a 30 pueden tener obesidad, que se define como una acumulación anormal o excesiva de grasa que puede dañar la salud. Hoy en día, numerosas organizaciones de salud reconocen la obesidad como una enfermedad crónica pero controlable.
La Organización Mundial de la Salud y otras organizaciones de salud distinguen tres clases de obesidad:
Clasificación de la obesidad | IMC |
Clase I | 30,0–34,9 |
Clase II | 35,0–39,9 |
Clase III | Por encima de 40 |
Los rangos de IMC se basan en el efecto que tiene la grasa corporal excesiva en la salud de la persona, la expectativa de vida y el riesgo de desarrollar enfermedades; a medida que el IMC aumenta, también aumenta el riesgo de padecer algunas enfermedades.
Se recomienda que las personas con un IMC igual o superior a 30 consulten a un médico con experiencia en el control de la obesidad para obtener un diagnóstico, una evaluación de los riesgos y el tratamiento de la obesidad y de las complicaciones de salud relacionadas con el peso.
El objetivo de controlar y tratar la obesidad no es simplemente bajar de peso, sino mejorar la salud y reducir los riesgos de otras complicaciones de salud. Bajar incluso una modesta cantidad de peso, como el cinco por ciento del peso corporal o más, y mantener esta pérdida de peso, puede mejorar el bienestar general y, al mismo tiempo, reducir el riesgo de sufrir complicaciones relacionadas con el peso.
Existe una variedad de opciones de tratamiento científicamente probadas para la obesidad que pueden recomendarse según las necesidades individuales, la salud y la presencia o ausencia de complicaciones relacionadas con el peso. El tratamiento puede incluir una combinación de las siguientes opciones**:
Aumento de la actividad física
Reemplazos de comidas/dietas bajas en calorías
Medicamentos contra la obesidad
* La cirugía bariátrica generalmente se considera para personas con un IMC de más de 35 que también presentan complicaciones relacionadas con el peso. También se considera generalmente para personas con un IMC de 40 o más.
** Exención de responsabilidad: Esta información no sustituye el asesoramiento de un médico. Si tiene alguna pregunta sobre su salud, debe comunicarse con su médico de cabecera u otro proveedor de cuidado de la salud calificado.
Obesidad de tipo III — IMC 40.0-50.0
Las personas con un IMC igual o superior a 30 pueden tener obesidad, que se define como una acumulación anormal o excesiva de grasa que puede dañar la salud. Hoy en día, numerosas organizaciones de salud reconocen la obesidad como una enfermedad crónica pero controlable.
La Organización Mundial de la Salud y otras organizaciones de salud distinguen tres clases de obesidad:
Clasificación de la obesidad | IMC |
Clase I | 30,0–34,9 |
Clase II | 35,0–39,9 |
Clase III | Por encima de 40 |
Los rangos de IMC se basan en el efecto que tiene la grasa corporal excesiva en la salud de la persona, la expectativa de vida y el riesgo de desarrollar enfermedades; a medida que el IMC aumenta, también aumenta el riesgo de padecer algunas enfermedades.
Se recomienda que las personas con un IMC igual o superior a 30 consulten a un médico con experiencia en el control de la obesidad para obtener un diagnóstico, una evaluación de los riesgos y el tratamiento de la obesidad y de las complicaciones de salud relacionadas con el peso.
El objetivo de controlar y tratar la obesidad no es simplemente bajar de peso, sino mejorar la salud y reducir los riesgos de otras complicaciones de salud. Bajar incluso una modesta cantidad de peso, como el cinco por ciento del peso corporal o más, y mantener esta pérdida de peso, puede mejorar el bienestar general y, al mismo tiempo, reducir el riesgo de sufrir complicaciones relacionadas con el peso.
Existe una variedad de opciones de tratamiento científicamente probadas para la obesidad que pueden recomendarse según las necesidades individuales, la salud y la presencia o ausencia de complicaciones relacionadas con el peso. El tratamiento puede incluir una combinación de las siguientes opciones**:
* La cirugía bariátrica generalmente se considera para personas con un IMC de más de 35 que también presentan complicaciones relacionadas con el peso. También se considera generalmente para personas con un IMC de 40 o más.
** Exención de responsabilidad: Esta información no sustituye el asesoramiento de un médico. Si tiene alguna pregunta sobre su salud, debe comunicarse con su médico de cabecera u otro profesional sanitario cualificado.
El comportamiento es simple. El peso no lo es.
Tienes mucho control (insisto, dentro de límites) sobre lo que comes y cómo haces ejercicio. Pero debido a que el peso no es un comportamiento, nuestra capacidad de alterar el peso como si fuera un dial en un termostato es muy baja.
Asimismo, nuestros genes tienen mucho que ver. Se ha estimado que alrededor del 40 % al 70 % de la probabilidad que una persona tiene de desarrollar obesidad se debe a los genes. Además, existe una asociación entre tu entorno social y tu peso.
Sin mencionar que nuestra sociedad se ha desarrollado de manera tal que es fácil acceder a alimentos con alto contenido calórico y bajo contenido nutricional y las oportunidades para hacer actividad física son difíciles.
En otras palabras, independientemente de cómo lo mires, la evidencia científica respalda claramente el hecho de que el peso no es una cuestión de elección y voluntad, sino el resultado de factores genéticos, biológicos, socioculturales y psicológicos complejos.
Entonces, ¿qué hace que la obesidad sea una afección médica?
No la cantidad de kilos en la balanza, sino el impacto del exceso de células grasas en la salud, la capacidad de funcionar y la calidad de vida. Las células grasas no son pasivas. No están ahí sin hacer nada.
Los adipocitos secretan hormonas y péptidos que, cuando se encuentran cerca del corazón, el hígado, el páncreas, etc. (tejido adiposo intraabdominal), pueden causar enfermedades.
Demos un paso más allá. Es fundamental comprender que el cuerpo defiende, sí, defiende, ¡su peso más alto! Nuestros cuerpos tienen respuestas instintivas básicas para enfrentar situaciones. Veamos algunos ejemplos.
Dado que el calor excesivo nos pone en riesgo de sufrir daño cerebral, comenzamos a transpirar automáticamente para bajar la temperatura corporal. Otro ejemplo: El frío excesivo no es bueno para nosotros, puede dañarnos. Por eso cuando hace frío, comenzamos a tiritar automáticamente para volver a aumentar la temperatura corporal. Hasta ahora, los ejemplos son entendibles.
De manera similar, el cuerpo se ha desarrollado para resistir la pérdida de peso. En el pasado, cuando los alimentos no se encontraban fácilmente, a menudo corríamos el riesgo de morir de hambre. Cuando bajamos de peso, nuestros mecanismos intrínsecos se reactivan. En lugar de temblar o sudar, nuestro cerebro aumenta el hambre, inhibe la saciedad y ralentiza el metabolismo. Esos mismos mecanismos que preservan la vida continúan activos entre bastidores hoy.
Ese momento conocido en el que la biología toma el control
Existe una curva de pérdida de peso predecible que casi todos conocen. Al principio del proceso de pérdida de peso, el peso baja sin problema. Luego, en algún momento entre los 3 y 6 meses, la pérdida de peso se detiene y se estanca. Aquí entra en juego la biología. Llamarle fracaso es demasiado simplista.
Entonces, ¿por qué te digo esto? Porque cuando las personas siguen el modelo de energía que ingresa/energía que sale, sus objetivos y expectativas se basan en eso.
Una persona convencida de que tiene que pensar así, podría ponerse como objetivo bajar 0,5 kg por semana. 5 semanas: 2,5 kg. 10 semanas: 5 kg. 30 semanas: 15 kg. ¡Espectacular! ¿Dónde hay que firmar? Desafortunadamente, las posibilidades de que esto suceda son muy escasas. Porque tu cuerpo tiene otros planes para ti y no puedes engañar a la madre naturaleza.
Cómo la mentalidad de “comer menos, moverse más” realmente nos daña
Existe un gran problema con la mentalidad generalizada de “comer menos, moverse más”. Cuando las personas atraviesan las etapas predecibles de la pérdida de peso, el éxito inicial seguido de la inevitable interrupción de la pérdida de peso, siempre se culpan a sí mismas.
Eso prepara a las personas para una secuencia poco productiva de eventos. Si hay algo que sabemos sobre las personas que viven con obesidad, es que hacen grandes esfuerzos para bajar de peso en repetidas ocasiones. Pero con el tiempo, sus experiencias tienden a verse así: intento y fracaso; intento y fracaso; intento y fracaso. ¿Suena familiar?
Indefensión aprendida
Como psicólogo, cuando veo este patrón, me molesta mucho. ¿Por qué? ¡Porque este patrón de intento y fracaso lleva a las personas a darse por vencidas! Esto se denomina “indefensión aprendida” y es un estado psicológico muy peligroso. Se parece a la depresión. Interfiere con la mayoría de los aspectos de la vida de una persona. Y debilita la autoestima de una persona.
Recientemente, se han realizado varios estudios con el objetivo de comprender cómo mejorar la atención de las personas que viven con obesidad. Lo que estamos aprendiendo es que las personas que viven con obesidad, en realidad, no ven a los médicos como fuentes de apoyo, sino que piensan que el control del peso depende de ellos y que solo necesitan concentrarse más en la dieta y el ejercicio. Los médicos creen que pueden ayudar, pero también creen que la dieta y el ejercicio son la única manera de hacerlo.
Es hora de cambiar la narrativa
He estado trabajando con personas que tienen obesidad desde finales de los 70. He visto una y otra vez lo increíblemente irritante que es para las personas con obesidad cuando alguien se les acerca y les dice: “solo tienes que comer menos y hacer más ejercicio”.
Pareciera que esperan que la persona con obesidad les responda, “¿en serio? Vaya, nadie me lo había dicho. No tenía idea de que comer menos y hacer más ejercicio me ayudaría”.
El haber escuchado esta historia tantas veces como para recordarla, me dice que tenemos el guión equivocado. Es hora de cambiar la narrativa de lo que significa la obesidad, cómo se desarrolla y cómo se trata.
Cuando alguien me pide que explique por qué los índices de obesidad están aumentando, mi respuesta es, “porque el cerebro humano ya no está adaptado al entorno en el que vive”. No hay nada de malo en la persona ni en el cerebro. Pero en combinación con el medio ambiente, pueden surgir problemas.
¿Qué pasaría si cambiaras la narrativa de que la obesidad es cuestión de comer menos y moverse más, lo que te convierte en un fracasado?
Por cierto, cuando uno se siente un fracasado y se rinde, deja de cuidarse a sí mismo.
Entonces, ¿cuál es la alternativa? Permíteme contarte algo.
¿Qué pasaría si la obesidad fuera una afección médica crónica que deriva de problemas genéticos, ambientales, biológicos (especialmente de la biología cerebral), sociales y psicológicos que se amplifican en el contexto del entorno moderno de alimentos ultraprocesados, vidas sobrecargadas, con poco tiempo para el cuidado personal?
¿Qué pasaría si, a pesar de todos tus esfuerzos anteriores, nunca has recibido tratamiento para esta afección? Hasta el momento, nadie ha abordado tu atención desde nuestra perspectiva actual. Los intentos anteriores se han centrado en la perspectiva de comer menos y moverse más.
Si pudieras hacer este cambio, me pregunto qué pasaría.
Esperanza
Esta es mi visión: Creo que este cambio tiene el potencial de reintroducir una esperanza realista en el control de la obesidad y ser una vía para aumentar el autoestima.
Mi preocupación es que las personas que viven con obesidad se culpen a sí mismas (de hecho, sabemos que lo hacen, se denomina “prejuicios interiorizados sobre la obesidad”) y no vean a los médicos como alguien que puede ayudarles.
Sin embargo, si abordamos la obesidad de manera similar a cualquier otra enfermedad crónica, podemos marcar la diferencia. Los médicos pueden usar las habilidades que han aprendido al brindar apoyo a personas con otras afecciones crónicas para ayudar a quienes viven con obesidad. Al fin y al cabo, el control de la obesidad se basa en enfoques de tratamiento que mejoren la salud, la función y la calidad de vida y no de la cantidad de peso que una persona puede bajar.
Me pregunto si estarías dispuesto a buscar ayuda para tu afección.
Referencias
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